El Derecho a la Ciudad: Caminar en la ciudad
Garantizar condiciones adecuadas para el desplazamiento peatonal no es una concesión ni una política accesoria, sino una obligación pública
Morelia, Michoacán, 27 de enero de 2026.- El proceso de transición que tuvimos como especie Homo sapiens, según diversas investigaciones, requirió de aproximadamente 5 millones de años, y se conoce como hominización. Comenzó hace más de 7 millones de años en África y se consolidó hace 2 mil años, cuando los homínidos lograron liberar las manos para fabricar herramientas y transportar alimentos, y cuando el desplazamiento en dos extremidades permitió recorrer largas distancias con mayor eficiencia energética.
Tal vez por este proceso de evolución biológica es que hoy en día caminar es esencial para la salud cardiovascular, pues fortalece los músculos y huesos y controlar el peso; de ahí que los médicos se recomiendan caminar al menos 30 minutos diarios, 5 días a la semana, sobre todo como estrategia para contrarrestar los efectos del estrés propio de la vida urbana.
A pesar de lo anterior, hoy en día, caminar en contextos urbanos se ha convertido en un verdadero desafío para diseñadores y planificadores; más aún, parece un acto de rebeldía ciudadana insistir en recorrer las ciudades que han sido diseñadas prioritariamente para desplazarse en automóvil. Sin embargo, es necesario comprender que caminar es una forma de socializar, siempre se camina junto a alguien o a la vista de otros, con alguien, en ocasiones solo, pero siempre en relación con otros, en una cercanía física o visual con los demás habitantes de la ciudad.
Con base en lo anterior, caminar es, en esencia, una forma básica de sociabilidad urbana. Hace algunos años, al realizar una investigación sobre la ciudad, solicité a los entrevistados que dibujaran un fragmento específico de la ciudad. La información plasmada por quienes transitaban a pie y por quienes lo hacían en motocicleta, automóvil o transporte público fue diametralmente distinta. El mayor nivel de detalle de la ciudad lo presentaron los ciudadanos “de a pie” incluso plasmaron en sus dibujos detalles de las fachadas de los inmuebles, las calles y los árboles, entre otros elementos mientras que los dibujos de automovilistas carecían de detalles y, en ocasiones, se reducían a líneas con el nombre de las calles, expresando únicamente trayectos.
Una persona camina a una velocidad promedio de 4 a 6 kilómetros por hora (km/h), si bien hay variaciones de acuerdo con la edad, condición física, terreno y propósito; en la ciudad, con todo y lo que esto implica, la velocidad promedio al caminar, sin prisa, es 3 km/h.
El impulso por recuperar la escala humana en las ciudades ha llevado a discutir el concepto de “caminabilidad” (walkability) como un adjetivo que define el grado de adecuación que tiene un espacio para permitir que la gente camine; o bien, como el parámetro para evaluar sí las características de la ciudad son propicias, o no, para que las personas que habitan una ciudad se desplacen a pie.
En ambos sentidos, la caminabilidad se encuentra estrechamente vinculada con el diseño de la ciudad. Caminar no es sólo desplazarse: debe propiciar la posibilidad de detenerse, perderse y encontrar actividades lúdicas; al tiempo que facilita la accesibilidad al espacio, mediante la integración de calles y banquetas, así como de la conectividad entre los distintos usos del suelo.
Los factores del entorno físico que afectan o condicionan la caminabilidad, pueden agruparse en cuatro criterios: la accesibilidad, la seguridad, el confort y el atractivo. Este último factor es eminentemente físico, mientras que los tres aspectos restantes se relacionan en mayor medida con la percepción de los habitantes de la ciudad.
Desafortunadamente, los cambios en la gobernanza y la discontinuidad gubernamental conllevan a un desafío complejo para los procesos de planeación urbana, situación claramente observable en la fragmentación del entorno urbano en que vivimos, y donde caminar por el arroyo vehicular llega a brindar más confort que sobre las aceras o banquetas “peatonales” frecuentemente invadidas por autos, comercios, rampas de cocheras, postes, entre otros obstáculos.
En este contexto, caminar en la ciudad debe entenderse como una expresión concreta del Derecho a la Ciudad, en tanto implica el acceso equitativo, seguro y digno al espacio urbano. Garantizar condiciones adecuadas para el desplazamiento peatonal no es una concesión ni una política accesoria, sino una obligación pública vinculada con la justicia espacial, la salud colectiva y la vida democrática. Recuperar la caminabilidad es, en última instancia, recuperar la ciudad como espacio de encuentro, reconocimiento y convivencia, frente a modelos urbanos que han privilegiado la velocidad, la fragmentación y la exclusión.




