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La captura del Estado, sin árbitros ni oposición

La destrucción de la democracia no siempre ocurre con tanques en las calles; a veces sucede entre aplausos, reformas legales y discursos que prometen orden, justicia y redención nacional

Morelia, Michoacán, 20 de enero de 2026.- La frase «quien no conoce la historia está condenado a repetirla» es una advertencia sobre la importancia de aprender del pasado para no cometer los mismos errores en el futuro, popularizada por el filósofo español George Santayana. Su significado central es que la ignorancia histórica lleva a la repetición de tragedias o fallos pasados.

Recordemos: En marzo de 1933, el Parlamento alemán aprobó la llamada Ley Habilitante, una de las normas más trascendentales de la historia contemporánea. Bajo el argumento de enfrentar una crisis nacional, esta ley otorgó a Adolf Hitler y a su gabinete la facultad de legislar sin control parlamentario, incluso por encima de la Constitución. En la práctica, significó la anulación del Poder Legislativo, la subordinación del Poder Judicial y el inicio formal de una dictadura legalizada.

La historia no se repite de forma idéntica, pero sí rima. En el México contemporáneo se observa un proceso que presenta inquietantes similitudes estructurales: la concentración progresiva del poder en un solo movimiento político, la captura de los tres poderes del Estado y el debilitamiento sistemático de los organismos constitucionales autónomos.

Durante décadas, México construyó un entramado institucional diseñado para limitar el poder presidencial. La autonomía del INE, del Poder Judicial, de los órganos reguladores y de las entidades de transparencia fue una respuesta directa al autoritarismo del siglo XX. Sin embargo, en años recientes, estas instituciones han sido descalificadas como “obstáculos” o “herencias neoliberales”.

El actual proyecto de desaparecer al Instituto Nacional Electoral como organismo autónomo y subordinarlo a la Secretaría de Gobernación resulta especialmente alarmante. No se trata de una simple reforma administrativa, sino de un retroceso histórico. Colocar nuevamente los comicios bajo control gubernamental sería un verdadero suicidio electoral. Siendo el Estado juez y parte, su conteo de votos es previsible: “Yo gané”.

Cuando los jueces dejan de ser árbitros independientes y se convierten en operadores del poder, el Estado de derechose transforma en una ficción. El mayor peligro de que un solo partido logre desaparecer a toda la oposición es la eliminación del disenso como valor democrático. El poder absoluto tiende a la corrupción absoluta.

La destrucción de la democracia no siempre ocurre con tanques en las calles. México se encuentra ante un escenario ominoso; la democracia no muere de un día para otro; se va apagando cuando la sociedad acepta que el poder no necesita ser vigilado. Y cuando ese punto se alcanza, recuperarla suele ser mucho más costoso que haberla defendido a tiempo.

Alejandro Vázquez Cárdena

De la democracia a la obediencia; México y la autocrítica

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