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¿Limbo? (Por: Lorena Galindo)

El limbo es un límite entre el infierno y el cielo, donde no hay sufrimiento, pero tampoco hay salida. He ahí la grandísima importancia del bautismo, y entre más temprano ¡mejor!

Richmond, Columbia Británica, Canadá, 05 de enero de 2023.- Leyendo entre uno de los grupos de Católicos que siempre aparecen pequeñas notas, e informes de  actividades de Catholics en todo el mundo!

Leí una nota que me ha hecho pensar mucho y es acerca de la muerte de Su Santidad Emérito Benedicto XVI

Una señora escribió: «A mi me cae bien el Papa Benedicto porque dice que el limbo ¡no existe! Entonces, todos los niños no bautizados no se van al limbo se van ¡al cielo!».

Bueno yo creía eso también, que el limbo no existía, que eso era un invento de  Dante Alighieri, en la Edad Media.

Bueno, seguí creyendo que el limbo no existía, después en el tiempo conocí a una conversa católica que me decía que el limbo sí existe; yo le expliqué que no.

Ella, muy segura me dijo que sí existía, -mi amiga Seana se convirtió al catolicismo en la Iglesia tradicional del rito latino. No sin antes mencionar que Seana es una de las mujeres con nivel intelectual más alto que yo haya conocido. Con maestrías y una ávida lectora de filosofía y de esos libros súper difíciles de leer-.

Al verla tan segura y yo con mi previo catecismo de mi niñez, a mí me entró la duda y empecé a investigar y a preguntar.

Fui con el Padre Rusak, un hombre extremadamente sencillo, con los votos de pobreza ¡a vista! Pero con una preparación intelectual impresionante.

-Padre, ¿el limbo existe? Pregunté yo. Su respuesta fue que ¡sí existe!

Yo le dije que yo creía que tal vez lo habían sacado de la Divina Comedia.

-No, el limbo es real. La salvación del hombre está en el bautizo como Jesuscristo lo enseñó.

Ahí quedé con esa respuesta y la acepté. Creo que el limbo ¡existe!

Ah, con la muerte de Benedicto, me volvió a salir la duda.

Otra vez a buscar y encontré que muchos sacerdotes educados con el Concilio Vaticano II, afirman que ¡no existe!

Pero no me sentía satisfecha con las respuestas. En el Concilio de Trento habla de que existen tres infiernos: El infierno de los condenados; el infierno del purgatorio y el infierno del limbo.

Del infierno de los condenados ¡nadie sale!

Con los ángeles caídos, yo antes del Credo, no entendía cómo bajaba Jesús al infierno a sacar almas. Ahora entiendo que, dice que Jesucristo descendió a los infiernos y sacó almas.

El Credo de nuestra Iglesia se refiere que Él baja al purgatorio y al limbo. Ahí fue a dar la buena nueva de la salvación y los saca y se los lleva a la Casa del Padre, ¡al cielo!

Pero el limbo, ¿qué onda? ¿Por qué van ahí los niños inocentes?

Bueno, busqué más y en algunos videos de sacerdotes, que sé que son muy preparados, y siempre aconsejada por mi consultor de cabecera que es el Padre Rippinger, quien es una ¡biblioteca eclesiástica caminando!

Él habla del limbo y dice que no sólo es para los bebés no bautizados, también van adultos que fueron siempre buenos, pero que nunca fueron bautizados.

El limbo es un límite entre el infierno y el cielo, pero diferente del Infierno de las almas condenadas, que sufren mucho y nunca salen, o el purgatorio, que es como un infierno, pero con la esperanza de salir. En el limbo no hay sufrimiento, pero tampoco hay salida.

He ahí la grandísima importancia del bautismo, y entre más temprano ¡mejor!

Por eso, creo que una de las peores cosas que le puede pasar a un bebé, es ser abortado. Eso a mí me parece muy cruel. No sólo se mata al cuerpo, también se condenan a una inocente alma de la ¡presencia de Dios!

Cuando la gente no cree, yo pienso, creen en los sentimientos, ya sean buenos o malos. Los sentimientos no son físicos, vienen del alma.

Ahora, una persona que muere jamás se hace ángel y muy rara vez se va directo al cielo, porque una parte de nuestra naturaleza tiende el ¡pecado!

Nada más piensen que «el más justo peca 7 veces 7».

Ahora, el tiempo de Dios no es el mismo que el tiempo terrenal porque Dios es eterno.

Bueno, no soy teóloga ni religiosa, ni de la «rodilla sangrada de rezar», sólo pienso y divago; necesito escribir, sino luego ando por toda la casa ¡hablando sola!

Perdón por darles lata, esto del limbo lo traía guardado por años y hoy con la muerte del Papa Benedicto, me resurgió otra vez.

Bien dicen que…, ¡hay que morir para vivir!

¿Cuál fue el primer libro que leí? (Por: Lorena Galindo)

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