Hoy la Iglesia celebra la Solemnidad de la Epifanía del Señor
La manifestación del Niño Dios a los pueblos del mundo invita a ofrecer los regalos del corazón y a emprender nuevas rutas espirituales
Ciudad del Vaticano, 06 de enero de 2026.- Cada 6 de enero, en la Ciudad del Vaticano y en diversas regiones del mundo, se celebra la Solemnidad de la Epifanía del Señor. Esta festividad recuerda la «manifestación» del Mesías esperado a todos los pueblos de la humanidad, representados en los sabios de Oriente que llegaron a Belén para adorarlo.
El término «epifanía» proviene del griego epiphaneia, que significa precisamente «manifestación» o «darse a conocer». En muchos lugares, esta celebración es la fecha por excelencia para el intercambio de regalos, evocando los presentes que los Reyes Magos entregaron al Niño Jesús tras un largo viaje guiados por una estrella.
De acuerdo con las Escrituras y la tradición, los personajes conocidos como Melchor, Gaspar y Baltasar dejaron atrás su tierra y cultura para encontrar al rey que habría de salvar al mundo. Según el Evangelio de Mateo, los Magos llegaron preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”.
Al encontrar al Mesías en un humilde pesebre junto a María y San José, los sabios presentaron tres regalos simbólicos:
- Oro: por su realeza.
- Incienso: por su divinidad.
- Mirra: por su humanidad.
Esta tradición, que goza de gran fuerza histórica y artística —como se observa en los mosaicos del siglo VI en Rávena—, invita a la reflexión sobre la paz y la unión. En un mundo donde la concordia es vital para evitar cualquier conflicto o tiroteo de intereses, la Epifanía resalta que Jesús es el sentido último de cualquier obsequio, siendo expresión de amor y alegría compartida entre los pueblos.
En el marco de la Solemnidad de la Epifanía, la Iglesia Católica hace un llamado a los fieles para seguir el ejemplo de los Reyes Magos, quienes no solo ofrecieron tesoros materiales, sino su propia voluntad y fe ante el Niño Jesús. Este 2026, la festividad cobra un sentido especial de conversión espiritual, invitando a la ciudadanía a ser «mejores personas» y a buscar la luz de la verdad en sus acciones diarias.
De acuerdo con el pasaje del Evangelio según San Mateo (2, 1-12), los Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén guiados por una estrella. Al encontrarse con el rey Herodes, quien se sobresaltó por la noticia del nacimiento de un nuevo «Rey de los judíos», los sabios continuaron su camino hacia Belén, donde finalmente hallaron al Niño con su madre, María.
El relato destaca que, al ver la estrella detenerse, los Magos se llenaron de inmensa alegría, se postraron y lo adoraron. En este acto de humildad, abrieron sus cofres para ofrecer tres presentes cargados de simbolismo que definen la naturaleza de Cristo:
- Oro: Reconocimiento de su realeza y soberanía.
- Incienso: Reconocimiento de su divinidad y su papel como Hijo de Dios.
- Mirra: Reconocimiento de su humanidad y el sacrificio futuro que traería la salvación.
La reflexión para este año enfatiza que, tras el encuentro con Jesús, los Magos «regresaron a su tierra por otro camino». Este cambio de ruta simboliza la transformación interior que debe experimentar todo aquel que encuentra la fe; un cambio que aleja al creyente de las «intenciones de Herodes» —representadas hoy por el egoísmo o la violencia— y lo conduce hacia una vida de paz y solidaridad.
Finalmente, las autoridades eclesiásticas instan a la población a que el verdadero regalo en esta fecha sea la conversión del corazón, promoviendo un ambiente de armonía que evite cualquier «tiroteo» de conflictos sociales y fomente la esperanza en el año que comienza.
(CON INFORMACIÓN DE: ACIPRENSA)




