Piden valentía ante el olvido en el arranque del Diálogo Nacional por la Paz
El encuentro busca generar una esperanza colectiva frente a la normalización de la corrupción y la mentira
Morelia, Michoacán, 30 de enero de 2026.- El auditorio Pedro Arrupe del ITESO, en Guadalajara, Jalisco, recibió a cerca de mil personas para la inauguración del Segundo Diálogo Nacional por La Paz (DNP).
Alexander Zatirka, rector del ITESO, abrió la sesión con un diagnóstico nacional. “Esta situación no nos permite ser indiferentes ante un país herido y ante el clamor de una realidad que exige verdad, memoria, justicia, no repetición, restauración y paz con reconciliación”, afirmó.
Citó datos concretos: “Sabemos que aunque el año pasado hubo una disminución de casos de homicidios dolosos, las cifras se mantienen altas, más de 20 mil muertes violentas por año. Además, el número de personas desaparecidas no ceden y hay territorios de nuestro país que viven en crisis de violencia muy preocupantes, incluidos los grandes centros urbanos”.
Posteriormente, Francisco Robles Ortega, arzobispo cardenal de Guadalajara, estableció una contraposición: “Queremos encender la paz”, declaró. “Pero nos damos cuenta que al mismo tiempo que nosotros nos esforzamos por encender la paz en este mismo momento en nuestro país, en nuestro mundo, hay quienes se ocupan y están empeñados en apagar la paz, haciendo la violencia y la guerra en distintas formas y para hacer sufrir a muchos hermanos y hermanas nuestras”.
Héctor Mario Pérez Villarreal, obispo auxiliar de México y secretario general de la CEM, explicó el motivo de la convocatoria: “Estamos aquí porque México continúa el dolor que seguimos sufriendo todos ante la violencia. Pero también estamos aquí porque existimos personas en México que todavía creemos en la paz”.
Reconoció el desgaste social: “Estamos aquí porque a pesar del cansancio, el miedo, la rabia que se va acumulando, hay impotencia, hay todas las ausencias que rasgan, hieren nuestro corazón”. Sin embargo, sostuvo una certeza: “Hay algo que todavía no se rompe. La certeza de que la violencia no puede ser nuestro destino final”. Calificó al encuentro como “un acto de esperanza colectiva en un país que pareciera que ha normalizado la corrupción, la mentira, la violencia”. Y enfatizó: “Solo la verdad, solo la restitución de la justicia, solo la reconciliación nos conseguirá la paz. Y en esta tarea todos estamos involucrados”.
Luis Gerardo Moro Madrid, prepósito provincial de la Compañía de Jesús en México, advirtió sobre las exigencias del camino: “Este es un trabajo que nos va a exigir perseverancia cuando ya no haya reflectores y cámaras. Va a exigir coherencia cuando nadie se esté mirando. Nos va a exigir coraje cuando construir la paz no sea tema de moda. Cuando lo critiquen, cuando nos digan ingenuos, idealistas, cuando nos persigan”.
La hermana Juana Ángeles Zárate Celedón, de la Conferencia de Superiores de Religiosos y Religiosas, analizó el origen del problema y vislumbró soluciones: “La violencia en México es el resultado de decisiones de omisiones y de silencios que se prolongaron demasiado tiempo”, aseveró. Luego, señaló: “Pero también ha nacido otra verdad, igual poderosa y mucho más esperanzadora. En todos los territorios, incluso en los más golpeados o quizá de manera especial, los más golpeados. Hay semillas de paz que ya están germinando. Pequeñitas, pero llenas de esperanza”.
Dio ejemplos: “Hay gente haciendo cosas sencillas, pero extraordinarias con recursos mínimos, con adversidades. Hay maestros transformando vidas en aulas olvidadas, líderes comunitarios tejiendo confianza donde solo había sospecha. Hay jóvenes intentando futuros donde solo se veían callejones sin salida”.
Para cerrar las intervenciones, Denise Arana Escobar, en representación de la Dimensión Episcopal para los Laicos, planteó el eje central: “Nos convoca una sola pregunta tan exigente como luminosa. ¿Qué país queremos construir juntos?”, interrogó. Y precisó: “No venimos a idealizar una paz perfecta ni abstracta. Venimos a comprometernos con una paz real, una paz posible arraigada en los territorios”.
El acto continuó con una ceremonia tseltal de saludo a los Cuatro Rumbos y una invocación a los abuelos ancestrales, en representación de los pueblos originarios de México.
(CON INFORMACIÓN DE: SIETE 24)




