Educación en retroceso
México enfrenta hoy una disyuntiva crucial, crítica en realidad; puede continuar por una ruta donde el discurso político predomina sobre la calidad académica, o puede emprender una revisión seria de su modelo educativo
Morelia, Michoacán, 24 de marzo de 2026.- La educación pública suele ser presentada por los gobiernos como el pilar del futuro nacional. Sin embargo, en el México de los últimos años el balance es desalentador. Es innegable el deterioro académico, un rezago en el aprendizaje y un sistema que parece haber privilegiado la carga ideológica de los contenidos por encima de la excelencia educativa.
Uno de los indicadores más claros de esta crisis es el desempeño de los estudiantes mexicanos en las evaluaciones internacionales. Las pruebas del Programme for International Student Assessment (PISA), coordinadas por la Organisation for Economic Cooperation and Development (OCDE), han mostrado consistentemente que México se encuentra por debajo del promedio internacional en lectura, matemáticas y ciencias. En los últimos resultados, además, el país registró retrocesos que lo colocan entre los sistemas educativos con mayor rezago dentro del mundo industrializado.
Lo anterior es verdaderamente preocupante; millones de estudiantes terminan la educación básica con serias deficiencias en habilidades fundamentales como comprensión lectora, razonamiento matemático o pensamiento científico. En otras palabras, el sistema educativo no está garantizando el aprendizaje mínimo necesario para competir en una economía cada vez más basada en el conocimiento.
Uno de los aspectos más debatidos ha sido el enfoque de los nuevos contenidos y materiales educativos. Diversos especialistas han señalado que los nuevos libros de texto y programas de estudio ponen un énfasis considerable en aspectos ideológicos y políticos relegando el desarrollo sistemático de competencias académicas. La supuesta intención era formar ciudadanos críticos y socialmente conscientes, pero el riesgo evidente es que esa orientación se haya impuesto a costa de la solidez académica.
Cuando el péndulo se inclina hacia la ideologización, el sistema descuida aquello que constituye la esencia misma de la educación: el conocimiento.
A esta problemática se suma otro factor estructural: la insuficiente inversión en infraestructura escolar. En numerosas regiones del país, miles de escuelas operan con carencias básicas que serían inconcebibles en cualquier sistema educativo competitivo. Planteles sin laboratorios, bibliotecas insuficientes, aulas deterioradas o carencia de conectividad digital forman parte de la realidad cotidiana.
Estas deficiencias no solo afectan el ambiente educativo, sino que también profundizan la desigualdad. Mientras algunos alumnos tienen acceso a escuelas privadas con recursos tecnológicos y programas académicos robustos, otros deben estudiar en condiciones precarias que limitan seriamente sus oportunidades de aprendizaje.
Otro indicador preocupante es el aumento de la deserción escolar. Aunque el gobierno ha impulsado programas de becas con la intención de mantener a los estudiantes dentro del sistema educativo, la realidad demuestra que el apoyo económico por sí solo no garantiza la permanencia en la escuela. Las becas no sustituyen la calidad pedagógica ni la motivación que genera una educación relevante y bien estructurada.
Muchos jóvenes abandonan la escuela no sólo por razones económicas, sino porque perciben que el sistema educativo no les ofrece herramientas reales para mejorar su futuro. Cuando el contenido educativo se percibe como irrelevante, desactualizado o ideologizado, el incentivo para continuar estudiando se debilita.
El problema es profundo porque la educación no es simplemente una política pública más; es el cimiento sobre el cual se construye el desarrollo económico, científico y cultural de una nación.
México enfrenta hoy una disyuntiva crucial, crítica en realidad; puede continuar por una ruta donde el discurso político predomina sobre la calidad académica, o puede emprender una revisión seria de su modelo educativo para recuperar el rigor pedagógico, fortalecer la formación docente y mejorar la infraestructura escolar.
El verdadero desafío no consiste en redefinir la educación desde la ideología, sino en garantizar que cada niño y cada joven reciba una formación sólida que le permita comprender el mundo, desarrollar su talento y competir en igualdad de condiciones.
Porque en educación, como en la salud o la justicia, las consecuencias de las malas decisiones no se ven de inmediato. Pero cuando finalmente aparecen, suelen manifestarse en generaciones enteras que llegan al futuro con menos herramientas de las que deberían tener. Y ese es un costo que ninguna nación puede permitirse.
¿Posibilidad de que el problema se resuelva con la 4T? Considero que ninguna.




