El fiasco digital de la UNAM: La quiebra de la confianza universitaria
La opacidad algorítmica y las sospechas de fraude en la evaluación 100% digital abren una crisis de legitimidad institucional sin precedentes
Morelia, Michoacán, 27 de julio de 2026.- La promesa de modernizar el proceso de admisión a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) mediante una evaluación 100% digital e inteligencia artificial derivó en un desastre institucional. Lo que debió ser un paso hacia la vanguardia tecnológica terminó por convertirse en un escenario de opacidad, anomalías estadísticas inexplicables y sospechas de fraude masivo, poniendo en duda la equidad en la principal casa de estudios del país.
1. Inflación de aciertos: una estadística insostenible
La publicación de los resultados del examen de licenciatura 2026 encendió las alarmas de especialistas y docentes. Los datos revelan un salto estadístico atípico: mientras que en el proceso de 2025 solo el 9% de los sustentantes superó la barrera de los 100 aciertos (de un total de 120 preguntas), en esta edición la cifra se disparó intempestivamente al 29%.
En Medicina se registraron nueve puntajes perfectos (120 aciertos), elevando el puntaje mínimo de corte a 117 aciertos. Asimismo, planteles periféricos como las FES Acatlán y Aragón registraron incrementos de entre 15 y 20 puntos respecto al año anterior, dejando fuera a miles de aspirantes.
Las cifras de la anomalía en el Examen 2026:
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Aspirantes evaluados: Más de 158,000 en modalidad virtual supervisada por IA.
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Explosión de puntajes altos: Pasó del 9% (2025) al 29% (2026) en aspirantes con más de 100 aciertos.
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Puntajes perfectos: 9 exámenes de 120 aciertos en Medicina.
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Aumento en FES: Incremento de entre 15 y 20 puntos mínimos para asegurar un lugar.
2. Supervisión ciega y mercado negro de respuestas
El sistema de supervisión remota evidenció severas grietas de seguridad. A las pocas horas de aplicadas las pruebas, circularon en redes sociales capturas de pantalla con los reactivos del examen y ofertas de organizaciones que cobraban por proporcionar las respuestas en tiempo real o por proveer software para burlar el monitoreo biométrico.
La gravedad de las filtraciones obligó a la UNAM a interponer una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República (FGR) contra redes delictivas, lo que representa un reconocimiento implícito de que los controles digitales de la institución fueron vulnerados.
«No se trata solo de un fallo técnico en una plataforma; es la erosión del principio de equidad social que le da sentido a la universidad pública.»
3. La arbitrariedad del algoritmo y su costo humano
Diversos estudiantes reportaron bloqueos automáticos de la plataforma a mitad de la prueba bajo señalamientos de «uso de dispositivos no autorizados» por variaciones menores en la conexión a internet o el reconocimiento facial. El algoritmo actuó de forma punitiva contra fallas domésticas, mientras mostró incapacidad para detener el fraude organizado.
Las denuncias reflejan además la ausencia de un protocolo transparente de apelación: los jóvenes afectados recibieron respuestas automatizadas, dejándolos fuera de la convocatoria sin la posibilidad de un peritaje técnico individualizado.
4. Crisis de legitimidad y la postura de Rectoría
Ante las protestas, el rector Leonardo Lomelí anunció la creación de una comisión especial para auditar el proceso de evaluación y determinó la suspensión temporal de las inscripciones.
La UNAM se enfrenta a una encrucijada ética. Reemplazar la presencialidad por una digitalización apresurada sin garantías de ciberseguridad sacrificó la certeza jurídica de la admisión. La institución tiene la responsabilidad histórica de transparentar el peritaje informático, deslindar responsabilidades y, de ser necesario, reponer el proceso de evaluación bajo mecanismos que restablezcan la confianza pública.




