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Salma Hayek en el plan B, el C o el D

El espectáculo de la política: De la inauguración del Mundial al circo legislativo

Morelia, Michoacán, 15 de julio de 2026.– El discurso corto de Salma Hayek debió haber sido, para muchos, pronunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, la mandataria no se atrevió a dirigirse no solo al país que gobierna, sino a todo el mundo en la inauguración del Mundial 2026.

En la política, los personajes famosos —en este caso del séptimo arte— suelen prestar su nombre y fama, aunque no se sabe exactamente a cambio de qué. La internacional actriz veracruzana aceptó, al parecer de muy buena gana, echarse ese trompo a la uña en calidad de embajadora cultural para representar a México por invitación de la FIFA, aunque el gobierno diserta que la invitación provino exclusivamente de dicha federación.

Así, en medio de la cancha del Estadio Azteca, más puesta que un calcetín y con total seguridad, la Hayek sabía que no habría rechiflas y mucho menos mentadas de madre al dirigir su mensaje. Expresó orgullosa a todo el orbe: “Los mexicanos estamos muy honrados de que sea aquí donde inicia el primer partido de esta maravillosa tradición del fútbol que nos une a todos. ¡Que viva México y que viva el fútbol!”.

Cabe destacar que, posiblemente para los organizadores —incluido el gobierno mexicano—, el país no tiene mujeres cantantes, pues el espectáculo estuvo amenizado por la española Belinda y la colombiana Shakira. Desde nuestro punto de vista, lo que realmente valió la pena fue la breve participación del grupo Maná y, por fortuna, la interpretación de nuestro Himno Nacional a cargo de Alejandro Fernández.

La fama como estrategia de legitimación

En la política no debería causar extrañeza este apoyo en personajes del ámbito artístico, cultural y deportivo. Ante la falta de credibilidad desde hace años, los partidos políticos y los gobiernos recurren constantemente a esta práctica. Si no, pregúntenle a los «maestros y doctorados» del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que hasta en plena veda electoral contratan a personajes conocidos para atraer la atención y votos de forma rápida, conectando a través de creadores de contenido y youtubers para mejorar su imagen pública.

Debido a su fama, estas figuras mercenarias facilitan la transmisión de mensajes, movilizando a sectores de la población que suelen ser apáticos hacia la política. Las razones estratégicas principales para su uso son:

  • Popularidad instantánea: A diferencia de los políticos tradicionales, actores y atletas ya cuentan con el reconocimiento y el afecto del público. Los partidos los usan como «gancho» mediático sin invertir años en construir una imagen.

  • Transferencia de confianza: Se asume que si el público confía en un artista o admira a un deportista, esa misma simpatía se trasladará al partido, candidato o al gobierno en turno.

  • Conexión emocional y aspiracional: Estas figuras representan historias de éxito y superación. Los regímenes los utilizan para transmitir valores de triunfo, esfuerzo y cercanía con el pueblo.

  • Control de la agenda pública: La popularidad de estos personajes se utiliza en ocasiones para desviar la atención de problemas sociales complejos o para legitimar políticas públicas y campañas gubernamentales.

Esta práctica es común en los procesos electorales mexicanos, donde figuras conocidas buscan candidaturas a puestos de elección popular. Algunos logran integrarse a la administración pública gracias a la fuerza de su imagen, aunque frecuentemente esto genera debate sobre si poseen la experiencia administrativa necesaria para gobernar.

El espectáculo y las cortinas de humo

Otra práctica de moda en los gobiernos del país es el uso de eventos musicales masivos como maniobra de distracción que responde a tácticas de manipulación sociopolítica bien documentadas. Cuando un gobierno enfrenta situaciones críticas que no puede o no quiere resolver, recurre a este tipo de espectáculos para generar un efecto de evasión.

En las sociedades contemporáneas, la política se ha convertido en un espectáculo, y este no solo vende, sino que funciona como una poderosa cortina de humo. El exceso de imágenes, escándalos y declaraciones ruidosas distrae, fragmenta la atención y dificulta la reflexión crítica de la ciudadanía.

Por otro lado, existen personajes dedicados a distraer con peleas y declaraciones escandalosas; tales son los casos de Gerardo Fernández Noroña o Arturo Ávila, entre otros. Sus roces con otros legisladores —e incluso fuera del recinto parlamentario— han convertido al Congreso de la Unión en un verdadero circo.

Esta conducta ha sido emulada en los congresos estatales por copias baratas, transformando los congresos locales en auténticos antros de discusión estéril. Es tan recurrente el «dar de qué hablar» mediante conductas cuestionables que, al parecer, para eso los mantiene el sistema, pues sus compañeros de partido y el gobierno les aplauden en vez de criticarlos. Estamos, de verdad, bien jodidos.

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