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Punto final al Siglo XX histórico

La permanencia del orden internacional post-1945 y la reintegración de Rusia definieron el periodo posterior a la Guerra Fría

Morelia, Michoacán, 30 de enero de 2026.- La disolución de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría marcaron el cierre de lo que especialistas denominaron el Breve Siglo XX, una etapa definida por la competencia entre superpotencias. No obstante, la transición hacia una nueva era ha enfrentado dificultades para diferenciarse del modelo anterior, operando más como un epílogo del orden nacido en 1945 que como una ruptura radical.

A diferencia de las expectativas de un cambio sistémico, la organización internacional surgida tras la II Guerra Mundial se mantuvo vigente. El Consejo de Seguridad y la ONU continuaron funcionando como los espacios primordiales para la diplomacia de alto nivel y la emisión de resoluciones globales. Este sistema de multilateralismo se expandió mediante foros especializados y grupos económicos como el G-7, G-8 y G-20, donde se integró a actores clave del antiguo bloque oriental.

La posición de Rusia, heredera del poder soviético, resultó fundamental en esta continuidad. Tras una década de inestabilidad, la gestión de Vladimir Putin reintegró al país como un actor de primera línea en el escenario internacional. Esta recuperación llevó a diversos analistas a retomar la narrativa de rivalidad propia del siglo pasado, manifestada en conflictos interpuestos o proxys en regiones como Siria, Ucrania, Libia y Afganistán.

Incluso la relación entre antiguos adversarios alcanzó niveles de institucionalización inéditos, destacando la apertura de una embajada rusa ante la OTAN. Sin embargo, la persistencia de estas estructuras y tensiones sugiere que, más allá de la desaparición del bloque socialista, el mundo continuó operando bajo las lógicas y marcos institucionales heredados del siglo anterior.

El conflicto bélico iniciado en Ucrania en 2022 ha interrumpido la tendencia continuista del orden internacional, revelando la ineficacia de la ONU, su Consejo de Seguridad y los foros internacionales para prevenir o resolver crisis de carácter existencial. A casi cuatro años de hostilidades, los actores involucrados han priorizado sus intereses geoestratégicos sobre las instancias jurídicas y políticas globales.

En términos geopolíticos, el escenario actual ha transitado del bipolarismo del siglo pasado a una configuración tripolar. China se ha consolidado como la tercera superpotencia de la historia junto a Estados Unidos y Rusia. Independientemente del desenlace en el frente ucraniano, el equilibrio de poder mundial se encamina hacia una estructura definida por estos tres ejes, donde el país ruso ha comenzado a fungir como intermediario.

Esta reconfiguración desplaza a Europa y Gran Bretaña a posiciones de menor relevancia internacional. Analistas prevén que, a mediano plazo, el continente europeo podría quedar integrado como un apéndice del proyecto euroasiático liderado por Moscú, mientras que el territorio británico enfrenta un posible aislamiento político y económico similar al estatus de Taiwán.

Respecto al ámbito ideológico, la pugna entre capitalismo y comunismo persiste como el único vínculo de continuidad desde la Guerra Fría. Pese a la caída de la URSS, el modelo comunista mantiene su vigencia operativa en naciones como Cuba y Corea del Norte, mientras que China lo conserva como estructura de organización política, desafiando las proyecciones de su desaparición global.

La vigencia de corrientes ideológicas vinculadas al socialismo y al comunismo ha persistido en Occidente tras el fin de la Guerra Fría, influyendo de manera determinante en el sistema educativo y en las organizaciones no gubernamentales. Esta presencia se consolidó a través del progresismo, corriente que ha liderado la política occidental en las últimas décadas, aunque actualmente se observa el surgimiento de movimientos de derecha renovados.

El análisis del panorama actual indica que el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial ha concluido. El sistema internacional se encamina hacia un reordenamiento protagonizado por tres superpotencias, cada una con sus respectivas alianzas, zonas de influencia y marcos ideológicos definidos. Este cambio estructural sugiere una ruptura definitiva con el modelo de gobernanza global del siglo pasado.

Históricamente, los procesos de reordenamiento de esta magnitud han estado enmarcados por conflictos de gran escala. La comunidad internacional se enfrenta al reto de establecer acuerdos diplomáticos que permitan transitar hacia esta nueva configuración sin derivar en un desastre global, dada la naturaleza de las tensiones entre los bloques emergentes.

Este escenario marca el cierre del denominado siglo XX histórico, dando paso a una etapa donde la competencia por el dominio regional y global se intensifica. El equilibrio entre las potencias y la resolución de sus diferencias ideológicas determinarán la estabilidad del sistema mundial en los próximos años.

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