Editoriales

El fuego amigo: Un injusto estigma para quienes son parte de la transformación

Pese a que muchos actores emanados de Morena han salido a calmar un poco la enorme tensión que se ha formado, el fuego amigo de la coalición Seguimos Haciendo Historia se sigue intensificando desde las redes sociales

Morelia, Michoacán, 09 de marzo de 2026.- Lo que hoy es considerado la madre de todas las batallas ha comenzado a desvirtuarse porque hay situaciones que, desde cualquier punto de vista objetivo, no tendrían cabida ni mucho menos validez. Pese a que muchos actores emanados de Morena han salido a calmar un poco la enorme tensión que se ha formado, el fuego amigo de la coalición Seguimos Haciendo Historia se sigue intensificando desde las redes sociales.

El PT, por ejemplo, ha sido blanco de ataques en distintas plataformas. Tal parece que los prejuicios que han decidido emprender no tienen un juicio o una memoria colectiva de lo que ha significado una alianza auténtica si nos remontamos a la lucha por la democracia de México. 

Pero vayamos primero por partes. El Partido del Trabajo ha fijado una postura clara de que votará en contra del proyecto de reforma electoral que envió la mandataria. Eso, en principio, no significa una traición ni mucho menos una desobediencia porque implica, en voz de los protagonistas, un retroceso a las conquistas que han logrado sentar un precedente. La única forma de hacer frente al otrora todopoderoso PRI, en aquel entonces, era poner en curso mecanismos legislativos que, por lo menos, dieran voces a las contrapartes.

Con anterioridad a la década de 1980, no se había observado una situación semejante: el Revolucionario Institucional ejercía un control absoluto sobre todo el ámbito legislativo. De hecho, el congreso avaló muchas reformas que, hasta el día de hoy, seguimos pagando las consecuencias debido al anacronismo. Siendo así, los cambios, dentro de la arena política, permitieron que esos pequeños grupos, ante las arbitrariedades y los excesos, pusieran el dedo en el renglón. Por eso la actitud hacia el PT es equivocada e inmerecida. Puede haber opiniones, pero no una guerra que escale a otras latitudes.

Cualquiera que conozca la historia sabrá que, a tirios y troyanos, el PT se ha mantenido en esa franja de la izquierda. Como partido progresista, y como una columna de avanzada, el Partido del Trabajo ha acompañado y, lo mejor de todo, ha defendido a capa y espada cada iniciativa desde los tiempos de Andrés Manuel López Obrador. Esta es, por lo que significa, la única excepción porque, más allá de lo democrático que suena la propuesta, afecta y merma las acciones de las minorías que saldrán a las calles a pedir el voto ante un escenario adverso.

Ya no se trataría de un tema de propuestas y un cruce de posicionamientos, sino de una maquinaria oficial que se llevaría todo lo que está en juego. A disposición, en efecto, tendrán todo el aparato de Estado para empujar, lo mismo que la imagen de una presidenta que, desde cualquier perspectiva, ha roto todos los paradigmas y récords por su labor al frente. Una imagen como esa importa y mucho. 

Entonces no habría, viéndolo desde un ángulo objetivo, una cancha pareja para los partidos que integran el sistema electoral. De lo que se trata en una democracia, obviamente, es del equilibrio y, desde luego, de que todos tengan cabida en un parlamento pese a su militancia o definición política.

La izquierda, desde las luchas sociales, siempre hizo hincapié en ello, por eso no tardó el PT en recordar cómo se ha dado esa génesis. Siendo así, el PT es el único que ha salido a ratificar esa declaración de principios de salvaguardar el derecho a disentir. No se les tiene que forzar, sobre todo cuando no existió una apertura en la construcción del proyecto. En la Cámara de Diputados, por ejemplo, la comisión especial que nombró la presidenta no asumió la responsabilidad que le tocaba poner en funcionamiento, pues sus actuaciones fueron mínimas para abrir el abanico a la participación.

En concreto, existen muchos más elementos que justifican la decisión que ha tomado el PT de no acompañar el proyecto de reforma electoral. Ellos, que deben sentirse tranquilos más allá de la inmerecida guerra sucia de la que son blancos, son congruentes y van de frente con los argumentos que han expuesto ante la opinión pública. Eso, desde luego, lo hemos venido diciendo en los distintos espacios.

Lo que se propone es un pequeño retroceso a la democracia más allá del pensamiento y la militancia que tengamos cada uno, básicamente porque tiene una actitud hegemónica que pone en riesgo tanto los mecanismos de representación proporcional donde las minorías tienen espacios garantizados para defender su derecho irrestricto que debe reinar siempre en una democracia. 

Entonces, el posicionamiento del PT, suficientemente claro para saber lo que defiende, no merma el potencial que ha ido en aumento como partido. Es simple: la sociedad no puede juzgar una decisión colectiva por un juicio que tiene rasgos anacrónicos. Pese a que las redes sociales intensifican, la gente se da cuenta del principio rector que defiende el Partido del Trabajo.

El derecho a disentir, del que alegamos todos que debe ser respetado más allá de la militancia, tiene que ser un elemento crucial para no calificar como una traición. No se trata de un desprecio ni mucho menos un desaire a la presidenta. Ella misma, de hecho, ha mencionado que solo es cuestión de opiniones, y que, por lo tanto, se respetará. Pidió respeto y prudencia. Eso, como tal, significa que la alianza perdurará porque, en la política de coaliciones, las sumas fortalecen y son una alternativa para seguir sosteniendo el proyecto de nación. Lo del PT, por ejemplo, es altamente rentable. Veamos clara muestra del crecimiento a gran escala que tuvo en Durango y Veracruz. 

El poder político del Verde

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