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La edad de la maldad

La sociedad occidental está tendiendo al ateísmo. Sin embargo, el ateísmo no es capaz de otorgarle al individuo un valor intrínseco como lo hace el cristianismo.

Dublín, Irlanda, 18 de marzo de 2026.- Después de la Revolución Francesa una importante parte de la sociedad, especialmente entre las élites occidentales, se dio a la tarea de racionalizar a la sociedad. Había que reescribir y explicar todo desde un punto de vista no religioso. En efecto, desmontar lo religioso en ese contexto significaba desmontar al cristianismo, en particular todo lo enseñado por la Iglesia Católica.

Uno de los objetivos fue sustituir la moral cristiana con una ética racional y fundamentada en el bienestar del individuo. El resultado ha sido que, efectivamente, la mayoría de la población y de las instituciones sociales han abandonado el cristianismo ya sea de forma oficial o de forma práctica. El gran problema, empero, ha sido que el Humanismo y las demás filosofías con las que se ha intentado sustituir al cristianismo e instaurar una nueva moral que prevenga la depravación social han tenido una aceptación apenas superficial.

La sociedad occidental, pues, está tendiendo al ateísmo. Sin embargo, el ateísmo no es capaz de otorgarle al individuo un valor intrínseco como lo hace el cristianismo. En efecto, el cristianismo considera que el ser humano tiene valor por sí mismo por ser la creatura divina preferida y por ser un potencial hijo de Dios, dando por zanjado el tema y no permitiendo mayor debate. Sin esta concepción, que es enteramente cristiana, el valor del ser humano siempre está cuestionado o está sujeto a los vaivenes históricos y a los apetitos de sus congéneres. Ya lo describió con exactitud Thomas Hobbes: El hombre es el lobo del hombre (Homo homini lupus). 

Y, precisamente, los archivos de Epstein han descubierto eso. Nos han mostrado la peor inmundicia de la que tengamos memoria en la época moderna. Una pequeña parte de la sociedad occidental, pero sobre todo una gran parte de su élite se ha degradado de tal manera en su búsqueda de poder, dinero, fama y placer que se han vuelto unos auténticos monstruos depravados, obscenos e impúdicos que no tienen, al parecer, ningún tipo de freno ético o moral. Y que, para sorpresa de una sociedad anestesiada y atea, son satánicos y satanistas.

Mientras que el grueso de los occidentales vive como si no existiera nada fuera de este plano material, los que nos dominan (en el peor sentido posible) creen en un poder obscuro y preternatural y actúan en consecuencia: de manera nefasta y con terroríficas consecuencias para todos los que convivimos con ellos. No es un hecho aislado, ni siquiera es una actividad hecha para satisfacer sus indecibles apetencias. Por el contrario, son actividades sistemáticas y ordenadas (ritualizadas) con el que creen que encontrarán el favor no humano para sus proyectos.

Es momento ya de hacer un cambio profundo para protegernos de esta pandilla parasitaria que nos está succionando nuestro bienestar espiritual, psíquico y material para su único y particular provecho. Se crea o no se crea en lo trascendental o espiritual, debemos recuperar el marco de una vida cristiana social e individual que otorgue sin ningún tipo de duda a cada persona un valor propio y que señale sin reparos cualquier cruel crimen. De esta manera, los gobernantes y la élite en general se verán impelidos y obligados por la sociedad a contener sus apetencias y ambiciones más abominables. 

Punto final al Siglo XX histórico

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